ESCRIBIR, ACTO CREATIVO Y SANADOR

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Una voz clara en medio del ruido




En tiempos de ruido digital y opiniones exprés, hay afirmaciones que suenan como campanas antiguas, claras, lentas y con eco. Mario Alonso Puig, neurocirujano madrileño formado en Harvard, es de esos que logran colar ese sonido. Habla de emociones y bienestar con una autoridad que no se apoya en solemnidad vacía, sino en la experiencia del bisturí y la curiosidad de quien ha visto la mente humana de cerca… demasiado cerca.


El poder de escribir para sanar

Su defensa de la escritura como bálsamo para las heridas emocionales parece, a primera vista, casi ingenua. En un mundo que receta ansiolíticos como quien reparte caramelos, Puig se atreve a decir que un cuaderno y un bolígrafo pueden ser herramientas terapéuticas. Y lo respalda con una historia que parece sacada de un archivo olvidado en algún convento neoyorquino: un neurólogo estudiando cerebros de monjas centenarias descubre que dos costumbres parecían blindarlas frente al Alzheimer, escribir a diario y hacerlo con un sesgo optimista.

Es decir, que después de un día helado y áspero, aquellas mujeres encontraban el modo de registrar no el dolor en los huesos, sino el calor en el alma.


Semillas en papel

La imagen es poderosa, mientras el mundo cree que la longevidad se guarda en frascos de laboratorio, ellas la escribían en páginas de diario, como quien planta semillas sin esperar cosecha inmediata. Y no es casual que Puig insista en que volcar en palabras lo que sentimos cambia la textura de esas emociones. Es como poner un cristal entre uno y la tormenta, la lluvia sigue cayendo, pero ya no nos empapa.




Amor y autonomía: la otra receta

Pero no se queda ahí. El cirujano, acostumbrado a la precisión de milímetros, se permite una ampliación de su receta. Las heridas más hondas, esas que no se ven en ninguna resonancia, solo cicatrizan con dos ingredientes, amor incondicional y autonomía. La primera suena a cursilería hasta que uno recuerda lo poco que la practicamos. La segunda es un recordatorio de que dar confianza es a veces más sanador que dar consejos.


Un regreso a lo esencial

Al final, su propuesta es casi una herejía moderna: escribir, amar sin condiciones, y dejar al otro caminar solo, cuando aún tiembla. En resumen, devolver a lo humano la autoridad que hoy entregamos a lo químico y lo inmediato. Porque quizá, y solo quizá, las respuestas más eficaces siguen estando en cosas que caben en una libreta y en un corazón abierto.


Reflexión final

En un tiempo que corre hacia lo instantáneo, las ideas de Mario Alonso Puig nos invitan a desacelerar y a volver a lo que siempre estuvo ahí: palabras, afecto y confianza. No hay algoritmo que pueda imitar eso, ni laboratorio que lo embotelle. Quizá, después de todo, la salud mental no sea cuestión de encontrar algo nuevo, sino de recordar lo que ya sabíamos.

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